¿Era de la comunicación?

¿Siempre conectados? Y una mierda.

La ciencia avanza que es una barbaridad, tenemos en el móvil auténticos monstruos tecnológicos, muchos no somos conscientes, con ordenadores 50 veces menos potentes que nuestros teléfonos móviles se han mandado naves a la Luna, sondas espaciales…

Estamos conectados al mundo, llevamos la wikipedia en el bolsillo, hacemos fotos que el teléfono detecta y nos da toda la información del lugar en el que estamos. Podemos publicar en las redes sociales con un click un mapa con el sitio en el que estamos o dejar que nuestros seres queridos nos acompañen a pesar de las distancias. Podemos tener un hijo en Tokio y que sus abuelos le conozcan en Bizkaia casi al minuto de haber nacido, podemos irnos a andar en bicicleta y que automáticamente se trace un mapa de nuestro viaje en cualquier red social. Podemos hacer fotografías en el móvil y que automáticamente estén en todos los dispositivos que tenemos… incluso en ese backup de casa que tanto tiempo nos hacía perder antes. Podemos ir al monte con un reloj cuyo GPS nos guía, nos dice como vamos de cansados vigilando nuestros bioritmos. Podemos hacer videoconferencias con familiares y amigos desde el cine, desde el campo de deportes, desde la playa… podemos, podemos, podemos. La tecnología nos ha dado muchos poderes, muchos podemos, pero, como en muchos otros ámbitos, nos olvidamos del debemos.

El correo electrónico.

Gran invento, ¿alguno de vosotros recuerda el trabajo sin correo electrónico?. Si es así me alegro por él, quiere decir que no depende su trabajo de los miles de mensajes que nos enviamos cada día. Hace no mucho saqué la estadísticas de cuántos correos electrónicos entran en mi carpeta de trabajo al día, la respuesta es más de 250.

Que nadie piense que me he vuelto loco, de esos 250 puedo eliminar los que generan en automático un montón de sistemas y aplicaciones que, amigablemente, avisan de eventos colapsando mi buzón. Puedo eliminar correos que nunca entiendo por qué me llegan si yo no los he pedido. Puedo eliminar los de publicidad... me quedarán después de eso unos 100 correos.

A partir de aquí podría decir que hay varios tipos de correos:

  • Los correos de verdad, esos que alguien me manda porque necesita algo de mi, vienen bien redactados, con su correspondientes anexos, educadamente escritos, y con toda la información... y sin copia a 100 personas, como mucho a un par de ellos
  • Los correos que lo sepas, son los que me mandan algunos a nivel informativo, hay algún amigo que los llama correo salva-culo, y seguramente en algún momento deberían servir para oír en alguna reunión aquello de: "si hombre te lo mandé el otro día por correo".
  • Los correos cadena o también llamados correos chat, son con diferencia los peores, los origina alguien muy comunicativo, que manda un correo a veinte o treinta personas, seguramente el tema es muy interesante, pero cuando empiezan a reenviarse estos correos, contestarse y expandirse versiones en conversaciones paralelas... aquello parece el camarote de los hermanos Marx.
  • Los correos de a la orden, son esos en los que los jefes tienen la brillante idea de mandarnos un ficherito anexo y la tipica frase de "lo necesito para ya". No se vosotros, pero yo siempre he dudado si contestar sobre el anexo, contestar a todos o solo al jefe, esperar a que contesten todos para luego contestar yo... hay veces, que si el jefe no se explica claramente en cuanto a lo que quiere se convierten en correos cadena.

No me atrevo a poner porcentajes a esos correos, pero lo que si puedo asegurar es que distinguirlos es difícil, atenderlos muy difícil y encajarlos en el trabajo del día a día es casi imposible. Un cálculo rápido, 100 correos, a cinco de minutos de media (siendo optimista), son más de tres horas de trabajo.

La mejor decisión del último año ha sido quitar el avisador de llegada de correos y mirar el correo un par de veces durante toda la jornada laboral… ni os imagináis el tiempo que me he ahorrado.

Conclusión: el correo electrónico es capaz él solito de consumir toda mi jornada laboral.

El móvil.

¿Alguien se acuerda de cómo hacíamos para quedar con los amigos cuando no había móviles? Y cuando nos perdíamos en un centro comercial ¿Cómo nos encontrábamos? Y cuando alguien iba a un recado ¿Cómo éramos capaces de esperar a que llegara sin preguntar cada cinco minutos como va el tema?

Somos adictos al móvil, quien crea que no lo es que revise uno de sus días y que me demuestre que no lo es. Ojo, no estoy negando su utilidad, pero creo que hemos llegado al absurdo de estar pegados a él y no aprovechar nuestro tiempo en otras cosas.

Pongamos un ejemplo, ¿os acordáis del famoso "hola soy Edu Feliz Navidad"?. Pues esa campaña publicitaria, graciosa en si misma, fomentaba el diálogo entre personas (que bonito ha quedado), luego pasamos al SMS de turno, que escrito en idioma SMS sería algo así como "ola ed feliz nav", bastante menos impersonal y comunicativo, y ahora tenemos... ni se cuántos millones de whatsapp estas navidades con fotos, sonidos, videos... ¡¡¡Miedo me dan las próximas navidades!!!

Me imagino la escena navideña, al fondo, en la primera cadena, el discurso del rey, en el sofá los abuelos escuchando el discurso, en el otro sofá los padres mandando cada uno por su lado los mensajes de turno a esos amigos a los que llevan años sin ver, en el suelo los peques, mandando mensajes locos a sus amigos desde el tablet de turno.

Grupos de whatsapp y redes sociales.

Mención aparte se merece esa cosa mal llamada red social. El nombre de red la verdad es que le viene de perlas, RED porque atrapa, pero lo de social... ciertamente nos metemos en las redes sociales y acabamos como los peces, colgados de un sitio que no nos trae nada bueno, juntos y revueltos.

Incluyo en este saco los grupos de whatsapp y de cualquier otra herramienta de mensajería que queráis poner, el caso del whatsapp es más sangrante por su magnitud.

¿Cuántas cuadrillas y grupos de amigos se han roto por aquello de "fulano me ha dicho"? Pues bien, en estos casos lo que sucede es por "fulano ha escrito", con el agravante de la falta de humanidad de lo que se escribe. La dificultad para poner en contexto anímico y circunstancial del que escribe es brutal, lo sencillo es sacar de contexto todo lo que se escribe. Luego vienen temas de seguridad, y no hablo de agujeros de seguridad, sino de todo lo contrario:

  • A quién admites y a quién no en tus amistades de la red social
  • Gente que se va y viene de un grupo porque no le gusta algo que se dice o hace
  • Ocultar entradas a unas personas si y a otras no
  • Simular una baja de Facebook para darse luego de alta otra vez pero con solo unos pocos amigos ignorando al resto (conozco algún caso realmente sangrante)
  • ... malos rollos en líneas generales

Y es que las redes sociales y los grupos nos permiten estar informados, pero nos empecinamos en leer más allá de los datos, tratamos de leer estados de ánimo, mensajes adicionales al puro contenido y, salvo excepciones, es un grave error.

Otras grandes decisiones del año en este aspecto:

  • Silenciar los grupos del Whatsapp ha traído un silencio brutal a mi vida
  • Añadido a haber decidido que algunos grupos se “ojean” una vez al día porque normalmente están llenos de spam y otros ni eso
  • Aprovechar la funcionalidad de Facebook para ver sólo las entradas de la gente que me interesa

Ni os imagináis el tiempo que me he ahorrado.

Aún hay esperanza

Pues si, todo no es negatividad, la tecnología bien usada es genial, unas pocas normas básicas que se me ocurren:

  • La relación personal todavía existe, una llamada a tiempo, un cara a cara, un café… son más productivo seguro
  • Evitar interpretar lo que está escrito, ante la duda mejor preguntar respetando el punto anterior
  • Tu tiempo es tuyo, y una maquina no puede marcar tu ritmo de vida, revisa el correo, whatsapp, redes sociales sólo de vez en cuando, no cuando te lleguen los avisos
  • Ignora todo aquello que te haga perder tiempo, date de baja de grupos que no uitilices, manda a spam correos que no lees, clasifica los contenidos que recibes de las redes sociales

A colación con el uso de la tecnología, el otro día, en un café, dijo un colega de oficina: “¿Dónde vamos como especie cuando tenemos en el bolsillo una máquina capaz de buscar el origen del universo y lo utilizamos para juntar caramelos? (referencia a Candy Crush)”. Ahí lo dejo, para la reflexión.

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